
Foto familiar de nuestra llegada a Boipeba, un sitio tan idílico como remoto al que llegamos después de viajar en Ferry, coche, coche por carreteras de cabras y lancha rápida.

El padre de esta niña sirvió a los mayores la langosta más tiesa y mala que quepa imaginar. Pero yo me hice muy amiga de ella.

De vuelta a casa, sana y salva aunque muy sucia.